La Cuaresma es tiempo de reformas, de reformas interiores. Siempre se ha entendido como un tiempo de penitencia y conversión…¡y lo es! Seguro que tenemos cosas que nos gustaría ver de una manera distinta, pequeños detalles que podemos cambiar, pero no lo hacemos… nos puede la pereza.
Los que han estado metidos en reformar la casa o un espacio determinado saben de lo que estamos hablando.
Pero no os equivoquéis, nuestra Cuaresma no va sobre reformar casas, si no de reformar nuestra vida, de ser nuestros propios arquitectos y construir en nosotros mismos nuevas estancias. Pero cuidado, si piensas que esto va a ser como los programas de televisión que se dedican a reformar casas bajo la mirada de las cámaras estás muy equivocado. Debes saber que reformar la vida implica mucho de penitencia, de soportar dificultades, de forzarse a sí mismo.
La conversión nos llama también a ver nuestro pasado y tratar de, a la luz de lo visto y descubierto, poner nuestra vida en sintonía con Dios. Podríamos decir, así, que la Cuaresma es un tiempo para «reformarnos» para poder seguir el camino que Dios ha soñado para la humanidad: un proyecto vital que pasa por la entrega de la vida, con todo lo que eso supone de «renuncia» interior a muchas cosas.
Esta Cuaresma te proponemos «rediseñar tu casa»; ir poco a poco, a la luz del Evangelio, revisando cada «estancia» de tu vida y buscando acercarte más a él, al Dueño de tu casa y de tu vida. Para ello, tendrás que habilitar un espacio de reflexión y de silencio. ¿Te atreves? Pues, si quieres, cada semana te daremos las pautas, por si te sirven.






