Cinco sistemas

El cuerpo humano tiene sus sistemas. La Iglesia, que es el Cuerpo de Cristo, tiene también los suyos. Conócelos concretados en nuestra parroquia.

Así es como está viva nuestra parroquia

El cuerpo humano tiene una serie de sistemas que lo hacen estar vivo: óseo, muscular, nervioso, digestivo, circulatorio… Todos ellos han de funcionar coordinados y en armonía. Y, cuando uno falla, empiezan a fallar los demás y, por ende, el cuerpo pierde vigor y salud.

San Pablo dice que la Iglesia es «el cuerpo de Cristo» (ver 1Co 12,12-31). Y este cuerpo tiene también sus sistemas; son cinco. Los nombramos primero con las palabras gruegas con las que los denomina el Nuevo Testamento: kerigma, didaskalía, liturgia, diakonía y koinonía. Y, después, en español: anuncio, discipulado, celebración, caridad y comunión. Todos cinco han de funcionar correcta y coordinadamente, porque, cuando uno de ellos se debilita, la vida eclesial pierde fortaleza. Conócelos concretados en nuestra parroquia.

El kerigma o anuncio del Evangelio

La Iglesia existe para evangelizar. Evangelizar es la alegría y la vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda.

La didascalía o discipulado

El que se encuentra con el Señor se siente llamado a seguirlo, a crecer, en el seno de la comunidad, para convertirse en un discípulo misionero.

La liturgia o celebración de la fe

La liturgia y la oración es la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y al mismo tiempo la fuente de donde mana toda su fuerza para llevar a cabo el encargo que recibió de Cristo Jesús.

La diakonía o caridad

El servicio de la caridad, que reproduce el amor de Cristo a los hombres, es una dimensión constitutiva de la misión de la Iglesia y expresión irrenunciablede su propia esencia.

La koinonía o comunión (fraternidad)

El misterio de la Iglesia, sacramento de la comunión, se concreta en un cuerpo, habitado por el Espíritu, en el que sus miembros son iguales y corresponsables.