¿Vives con esperanza? ¿Sabes lo que significa «vivir esperanzado»? ¿Qué diferencia hay entre esperanza e ilusión? La esperanza de los cristianos no tiene que ver con la pasividad. Tampoco con las ilusiones vagas o con creer en lo que no se puede realizar. «Esperar», en cristiano, nos habla de acción, de ponernos manos a la obra, de cambiar, de preparar el terreno. De nada sirve contemplar la tierra si antes no la he trabajado. De tontos sería querer un sobresaliente en una nota si no he puesto nada de mí para que eso se logre. No puedo esperar una recompensa en el trabajo no me he afanado de verdad.

Dios actúa también preparando el terreno, el camino. ¿Cómo? Te proponemos tener un momento de silencio a partir de la reflexión que aparece en el segundo cartel y que nos invita a descubrir el «sí que prepara el camino a la esperanza». El de Juan Bautista… ¡y el tuyo!

Una voz grita en medio del desierto…
¿Quién será el loco que pretende, así, ser escuchado?
Pero Dios hace posible lo imposible.
Con él brota la vida, se allanan los senderos, se abajan los montes.
Dios se acurruca en el hombre…
Dios me invita a mi a preparar el camino a la esperanza.

Gritar en medio del desierto… ¿hay algo más absurdo? ¿Quién va a escuchar? En ocasiones, ser creyente, seguir a Jesús, nos parece un auténtico secarral: no veo fruto, no veo utilidad, y, encima, algunos me miran más que raro. ¿Me he sentido alguna vez así?

Sin embargo, Dios hace posible lo imposible: que en el desierto mi voz transforme el mundo. Así sucede con Juan Bautista. También podrá suceder con nosotros.

Repite interiormente la siguiente oración: «Señor, haz de mi desierto un lugar para el encuentro contigo».