Primera lectura

1 Samuel (26,2-23)

Lectura del primer libro de Samuel.

EN aquellos días, Saúl emprendió la bajada al desierto de Zif, llevando tres mil hombres escogidos de Israel, para buscar a David allí.
David y Abisay llegaron de noche junto a la tropa. Saúl dormía, acostado en el cercado, con la lanza hincada en tierra a la cabecera. Abner y la tropa dormían en torno a él.
Abisay dijo a David: «Dios pone hoy al enemigo en tu mano. Déjame que lo clave de un golpe con la lanza en la tierra. No tendré que repetir».
David respondió: «No acabes con él, pues ¿quién ha extendido su mano contra el ungido del Señor y ha quedado impune?».
David cogió la lanza y el jarro de agua de la cabecera de Saúl, y se marcharon. Nadie los vio, ni se dio cuenta, ni se despertó. Todos dormían, porque el Señor había hecho caer sobre ellos un sueño profundo. David cruzó al otro lado y se puso en pie sobre la cima de la montaña, lejos, manteniendo una gran distancia entre ellos, y gritó: «Aquí está la lanza del rey. Venga por ella uno de sus servidores, y que el Señor pague a cada uno según su justicia Y su fidelidad. Él te ha entregado hoy en mi poder, pero yo no he querido extender mi mano contra el ungido del Señor».

Palabra de Dios.

Salmo responsorial

Salmo 102

EL SEÑOR ES COMPASIVO
Y MISERICORDIOSO.

Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios.
Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa,
y te colma de gracia y de ternura.
El Señor es compasivo
y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia.
No nos trata
como merecen nuestros pecados
ni nos paga según nuestras culpas. Como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros delitos.
Como un padre siente ternura por sus hijos,
siente el Señor ternura por los que lo temen.

 

Segunda lectura

1 Corintios (15,45-49)

Lectura de la primera carta del apóstol San Pablo a los Corintios.

El primer hombre, Adán, se convirtió en ser viviente. El último Adán, en espíritu vivificante.
Pero no fue primero lo espiritual, sino primero lo material y después lo espiritual.
El primer hombre, que proviene de la tierra, es terrenal; el segundo hombre es del cielo.
Como el hombre terrenal, así son los de la tierra; como el celestial, así son los del cielo. Y lo mismo que hemos llevado la imagen del hombre terrenal, llevaremos también la imagen del celestial.

¡Palabra de Dios!

Evangelio

Lucas (6,27-38)

Lectura del santo Evangelio según san Lucas.

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «A vosotros los que me escucháis os digo: amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os calumnian. Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, no le impidas que tome también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten. Pues, si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien solo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores hacen lo mismo.
Y si prestáis a aquellos de los que esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores, con intención de cobrárselo.
Por el contrario, amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada; será grande vuestra recompensa y seréis hijos del Altísimo, porque él es bueno con los malvados y desagradecidos.
Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros».

Palabra del Señor.

Oración

Todas las oraciones de los fieles se reúnen en esta, que dice el sacerdote

DIOS todopoderoso y eterno,
concede a tu pueblo
que la meditación asidua de tu doctrina
le enseñe a cumplir,
de palabra y de obra,
lo que a ti te complace.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Reflexión

Gasta un ratito de tu tiempo en hacer tuya la Palabra

PALABRAS DE AMOR Y DE GRACIA

Después de la proclamación de las Bienaventuranzas —que escuchamos el domingo pasado— Jesús ofrece a sus discípulos unas enseñanzas sorprendentes, por su belleza, por su dificultad, por su idealismo. Jesús apunta muy alto, nos pinta un ideal que parece que no es para humanos.

Es como un sueño. ¡Qué bonito sería un mundo en el que las palabras no ofendieran, las manos —siempre abiertas— no hirieran y el corazón no se cerrara! Un mundo sin agravios ni rencores, sin violencias ni intolerancias, sin injusticias ni opresiones. Un mundo regido por la verdad, por la comprensión y la empatía, por la caridad sin límites.

A este mundo Jesús lo llamaba Reino de Dios. Y decía que no era un sueño, que ya estaba cerca, que nos preparásemos para acogerlo, y que entre todos teníamos que desarrollarlo.

Hoy Jesús quiere explicarnos algunos aspectos de la «Constitución» de su Reino. La clave y el eje no es otro que el amor, pero con tonalidades y derivaciones incontables.

Entre el amor de los antiguos y el que Jesús propone hay un sublime salto cualitativo. El suyo es amor, pero mejor; es amor, pero más. Hubo que inventar una palabra para explicarlo: caridad.

Estas enseñanzas chocan frontalmente con la cultura actual y con la cultura humana en general. Jesús habla de perdón, de generosidad, de gratuidad y compasión. Esto no se lleva, parece incluso algo débil y desfasado. Nuestra cultura es tremendamente competitiva y mercantilista hasta la deshumanización, hasta la exclusión de los débiles, hasta el descarte de las personas; es violenta y agresiva, desde el lenguaje cotidiano hasta el terror de la guerra; es egoísta y consumista, hasta la crueldad. ¿Qué pueden hacer las palomas en medio de tantos y tan fieros gavilanes?, podemos preguntarnos. Pero es el único camino posible es el del amor.

El Jesús del evangelio de Lucas nos explica muy bien lo que significa la llamada de la Sagrada Escritura a imitar la perfección de Dios. El «sed santos como vuestro Dios es santo» del Antiguo Testamento se ha convertido en «sed compasivos como vuestro Padre es compasivo». La santidad se convierte en compasión porque Dios se revela como Padre. 

Y ahora te invitamos a preguntarte: ¿Cómo es tu relación con los «enemigos», con los que te ponen la zancadilla o con los que te tratan injustamente? ¿Devuelves mal por mal? ¿Tratas a los otros como te gustaría que ellos te tratasen a ti? ¿Cuál es la medida y cuáles son los límites de tu amor?