¿Habrá razones para seguir confiando?

Confiar es difícil. Y más con la que está cayendo. 

Desconfiamos de nosotros mismos, de las instituciones, de los políticos, de la Iglesia, de nuestros amigos, de los conocidos y de los desconocidos… Pero hay alguien, ¡Alguien!, que sigue confiando en nosotros… Hacia él nos dirigimos en este camino de Adviento; con él queremos confiar. Con él también queremos volver a nacer. 

¡Buen camino! ¡Buen Adviento! Que al final podamos decir con él, con Jesús: Contigo confío, camino y amo.

«Se acerca vuestra liberación» nos dice el evangelio de este domingo. ¡Ahí es nada…!

Y nosotros, sin embargo, empeñados en fijarnos siempre en lo negro que se presenta el futuro. Seguro que tú también descubres «esclavitudes» y «futuros inciertos». ¿Cuáles?

Sin embargo, Dios quiere liberar tu vida, darle futuro. Dios ha decidido CONFIAR EN TI… 

Este es el mensaje para esta semana: HAY FUTURO, aunque en ocasiones nos empeñemos en lo contrario e incluso rememos hacia el otro lado…

Hay futuro… recuérdalo en tu mente todos los días de esta semana: de domingo a sábado. Y preguntate: ¿Qué «futuros» descubres? ¿son de verdad razones para confiar y para confiar en Dios?

Recuerda, además, que estamos, con la Iglesia entera, en Sínodo. Haciendo camino común. Todos juntos construyendo un futuro que tiene sentido, porque viene de Dios, porque se apoya en Jesús, porque está alentado por el Espíritu que todo lo renueva y que todo lo vivifica.

Es hora de mantenerse despiertos, bien atentos al Señor que llega y que nos abre camino. Que se hace caminante con nosotros. Que nos alienta y nos alimenta. Es hora de mirar al horizonte ancho y luminoso que él abre para nosotros… a pesar de los pesares.

Rastrea en este segundo domingo, en esta segunda semana del Adviento, tus razones para confiar. Sí, rastrea. Porque para descubrir razones para confiar es necesario volver sobre el camino, pararse y contemplar las llanuras por las que has caminado, los montes subidos, los bajones en los que ha caído tu vida… ¿te atreves?

Solo así verás que Dios ha allanado tu camino más de lo que pensabas en muchísimas ocasiones.

Pero el Señor también te pide que seas tú de los que allanan el camino a otros. No de los comodones o de los que esperan siempre que sean los demás que hagan las cosas… tú puedes hacer que los demás puedan sentir el amor en su vida, el Amor con mayúscula, el Amor de Dios. Como dice Pablo a los Filipenses, hay muchos otros que están pidiendo por ti, para que tu amor «siga creciendo más y más». Párate tu ahora mismo un momento y pide tú ahora. Dile: «Señor, te pido que…» Quédate un momento en silencio con él.

Pocas palabras tan bellas en el Antiguo Testamento como este texto de Sofonías. Comenzando con un «¡No temas! ¡Sión, no desfallezcas!», el profeta invita al júbilo desbordante, asegura el perdón, promete la defensa y la fuerza de Dios y, sobre todo, ofrece una declaración de amor enamorado de parte de Dios: te ama, se goza y se complace en ti, le entran ganas de bailar contigo. Construye… porque tienes en tus manos la capacidad de dar voz a los que no tienen voz, de poner palabra a los que han sido despojados de ella. Todos tienen derecho… ¡todos!, de poder gritar jubilosos.

«¿Que tenemos que hacer?» es la pregunta que le hacen al bautista por tres veces en el texto evangélico de hoy. La respuesta de Juan es también invariable: mira por los demás, haz por los demás, quiere a los demás… Pregúntate tú ahora: ¿qué haces? Preguntémonos todos: ¿qué hacemos?

¿Qué aspectos concretos te planteas para estar cerca de los otros, para que los otros puedan vivir la «fiesta de Dios», para que puedan ver sus salvación?

No pretendas grandezas que te superan; empieza por algo fácil, por tu día a día: el saludo, la sonrisa, el tener los ojos bien abiertos a las necesidades de los demás. Es el modo más sencillo de construir y dar al mundo razones para confiar. ¿Por qué no piensas en algunas?

Ni María ni Isabel se lo esperaban. Dios… ¡Dios se había fijado en ellas y había hecho posible lo que parecía imposible! La estéril espera un hijo; la virgen puede ser madre. ¿También tú tienes «imposibles» en tu vida, metas que crees inalcanzables?

Nada puedes… humanamente hablando; pero todo lo puedes en aquel que te conforta (ver Flp 4,3). Armate de valor y disfruta haciendo imposibles. Ayuda a cambiar vidas; enjuga lágrimas; levanta caídos; confía en los débiles; se luz para los ciegos.

Dios mira tu vida, se fija en ti, como el buen labrador, y espera de ti el fruto de tanto amor derrochado. Repasa ese amor que has sentido desde que eras pequeño… Y da gracias a Dios por él, porque ha hecho posible en tu vida el amor… Gracias, Señor.