Primera lectura

Apocalipsis (11,19-12,10)

Lectura del libro del Apocalipsis.

EN aquellos días, Elías anduvo por el desierto una jornada de camino, hasta que, sentándose bajo una retama, imploró la muerte diciendo: «¡Ya es demasiado, Señor! ¡Toma mi vida, pues no soy mejor que mis padres!».
Se recostó y quedó dormido bajo la retama, pero un ángel lo tocó y dijo: «Levántate y come».
Miró alrededor y a su cabecera había una torta cocida sobre piedras calientes y un jarro de agua. Comió, bebió y volvió a recostarse. El ángel del Señor volvió por segunda vez, lo tocó y de nuevo dijo: «Levántate y come, pues el camino que te queda es muy largo».
Elías se levantó, comió, bebió y, con la fuerza de aquella comida, caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el Horeb, el monte de Dios.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial

Salmo 44

DE PIE A TU DERECHA ESTÁ LA REINA,
ENJOYADA CON ORO DE OFIR.

Hijas de reyes salen a tu encuentro,
de pie a tu derecha está la reina,
enjoyada con oro de Ofir.

Escucha, hija, mira: inclina el oído,
olvida tu pueblo y la casa paterna.
Prendado está el rey de tu belleza:
póstrate ante él, que él es tu señor.

Las traen entre alegría y algazara,
van entrando en el palacio real.

 

Segunda lectura

1 Corintios (15,20-27a)

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios.

HERMANOS:
Cristo ha resucitado de entre los muertos y es primicia de los que han muerto.
Si por un hombre vino la muerte, por un hombre vino la resurrección. Pues lo mismo que en Adán mueren todos, así en Cristo todos serán vivificados.
Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después todos los que son de Cristo, en su venida; después el final, cuando Cristo entregue el reino a Dios Padre, cuando haya aniquilado todo principado, poder y fuerza.
Pues Cristo tiene que reinar hasta que ponga a todos sus enemigos bajo sus pies. El último enemigo en ser destruido será la muerte, porque lo ha sometido todo bajo sus pies.

¡Palabra de Dios!

Evangelio

Lucas (1,39-56)

Lectura del santo Evangelio según san Lucas.

EN aquellos días, María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.
Aconteció que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel de Espíritu Santo y, levantando la voz, exclamó:
«Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá».
María dijo:
«Proclama mi alma la grandeza del Señor, “se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humildad de su esclava”. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí: “su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación”. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, “derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia” —como lo había prometido a “nuestros padres”— en favor de Abrahán y su descendencia por siempre».
María se quedó con Isabel unos tres meses y volvió a su casa.

¡Palabra del Señor!

Oración

Todas las oraciones de los fieles se reúnen en esta, que dice el sacerdote

DIOS todopoderoso y eterno,
que has elevado en cuerpo y alma a la gloria del cielo
a la inmaculada Virgen María, Madre de tu Hijo,
concédenos que, aspirando siempre a las realidades divinas,
lleguemos a participar con ella de su misma gloria.
Por nuestro Señor Jesucristo.

 

Reflexión

Gasta un ratito de tu tiempo en hacer tuya la Palabra

LA ASUNCIÓN Y EL «MAGNIFICAT»

El texto de la fiesta de la Asunción forma parte del evangelio de la infancia de Lucas (capítulos 1-2 del evangelio). Este relato narra el encuentro de María con su prima Isabel. El texto tiene dos partes bien definidas: el relato en prosa, que describe el encuentro de las dos futuras madres y el cántico que María entona como respuesta a la alabanza que su prima le hace.
En la primera parte, Lucas hace referencia al largo viaje a las montañas de Judá realizado por María, para resaltar su actitud itinerante y para presentarla como modelo de disponibilidad. El encuentro de las dos madres es, de alguna manera, el encuentro entre los dos hijos, que ya en el seno materno se diferencian el uno del otro: Juan, fiel a su vocación de precursor, señala la presencia de Jesús con una conmoción de alegría. Esta alegría y la acción del Espíritu Santo hacen que Isabel reconozca la presencia del Señor y que alabe la actitud de fe de María al recibir el anuncio de que el hijo de Altísimo nacería de ella por una acción especial del Espíritu. Por su parte, María aparece en este primer relato no sólo como modelo de discípula (se pone en camino) y de creyente (acoge con fe la Palabra de Dios), sino también como arca de la nueva alianza, que ya no contiene una frías tablas de piedra, sino un niño que traerá al mundo la salvación de Dios.
En la segunda parte del relato, encontramos que la respuesta de María a la alabanza de Isabel es un cántico de acción de gracias, de gozo y alegría, que tradicionalmente conocemos como «magnificat». Este cántico de María está compuesto a partir del canto que entonó Ana, otra mujer creyente del Antiguo Testamento, a la que Dios escuchó por su gran fe (1Sam 2,1-10), y contiene numerosas referencias a la intervención de Dios en el pueblo de Israel. Literariamente es un himno, que canta las maravillas realizadas por Dios y que consta de tres estrofas. La primera estrofa proclama las maravillas realizadas por Dios en María, la cual, llena de alegría, reconoce y agradece la grandeza y la santidad de Dios, que ha querido manifestar su salvación a través de una mujer sencilla, humilde y pobre como ella. La segunda estrofa es una enumeración de las acciones salvíficas de Dios en la historia del pueblo de Israel: Dios en lugar de apostar por los soberbios, los poderosos y los ricos que se sientan en sus tronos, toma partido por los humildes y por los que no tienen nada. De esta manera la manifestación de su poder es mucho más evidente y su actuación aparece como gracia para los que son fieles. Finalmente, la tercera estrofa proclama que la acción de Dios en María es el cumplimiento de una promesa hecha a los antepasados del pueblo de Israel.