Primera lectura
Eclesiástico (36,1-5a.10-17)
Lectura del libro del Eclesiástico.
Sálvanos, Dios del universo, infunde tu terror a todas las naciones, para que sepan, como nosotros lo sabemos, que no hay Dios fuera de ti. Renueva los prodigios, repite los portentos. Reúne a todas las tribus de Jacob y dales su heredad como antiguamente. Ten compasión del pueblo que lleva tu nombre, de Israel, a quien nombraste tu primogénito; ten compasión de tu ciudad santa, de Jerusalén, lugar de tu reposo. Llena a Sión de tu majestad, y al templo, de tu gloria. Da una prueba de tus obras antiguas, cumple las profecías por el honor de tu nombre, recompensa a los que esperan en ti y saca veraces a tus profetas, escucha la súplica de tus siervos, por amor a tu pueblo, y reconozcan los confines del orbe que tú eres Dios eterno.
¡Palabra de Dios!
Salmo responsorial
Salmo 78
Muéstranos, Señor, la luz de tu misericordia.
No recuerdes contra nosotros
las culpas de nuestros padres;
que tu compasión nos alcance pronto,
pues estamos agotados.
Socórrenos, Dios, salvador nuestro,
por el honor de tu nombre;
líbranos y perdona nuestros pecados
a causa de tu nombre.
Llegue a tu presencia el gemido del cautivo:
con tu brazo poderoso,
salva a los condenados a muerte.
Mientras, nosotros, pueblo tuyo,
ovejas de tu rebaño,
te daremos gracias siempre,
contaremos tus alabanzas
de generación en generación.
Evangelio
Evangelio según san Marcos (10,32-45)
Lectura del santo Evangelio según San Marcos.
En aquel tiempo, los discípulos iban subiendo camino de Jerusalén, y Jesús se les adelantaba; los discípulos se extrañaban, y los que seguían iban asustados.
Él tomó aparte otra vez a los Doce y se puso a decirles lo que le iba a suceder: «Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, se burlarán de él, le escupirán, lo azotarán y lo matarán; y a los tres días resucitará.»
Se le acercaron los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron: «Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir.»
Les preguntó: «¿Qué queréis que haga por vosotros?»
Contestaron: «Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda.»
Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís, ¿sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?»
Contestaron: «Lo somos.»
Jesús les dijo: «El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y os bautizaréis con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mi concederlo; está ya reservado.»
Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan.
Jesús, reuniéndolos, les dijo: «Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. Vosotros, nada de eso: el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos.»
Palabra del Señor.
Oración
Todas las oraciones de los fieles se reúnen en esta, que dice el sacerdote
OH, Dios,
que no cesas de enaltecer a tus siervos
con la gloria de la santidad,
concédenos, por tu bondad, que el Espíritu Santo
encienda en nosotros aquel mismo fuego
que atravesó admirablemente el corazón de san Felipe Neri.
Por nuestro Señor Jesucristo.
Reflexión
Gasta un ratito de tu tiempo en hacer tuya la Palabra
La mayor aspiración que en realidad podemos tener los cristianos es conseguir, según la expresión de San Pablo, «un carisma mejor», que es la caridad (1 Cor 12,31). Entre tanto, en el camino de esta vida, es necesario «beber el cáliz» del Señor, para poder sentarse en el «trono»; «bautizarse» en la prueba del dolor, para juzgar la tierra; y servir a todos, para reinar con Cristo. El sufrimiento entra con pleno derecho en la vida de los que siguen a Cristo. Comenta San Agustín:
«Buscaba la altura, pero no veía el peldaño. El Señor se lo mostró: «¿podéis beber?… Los que buscáis las cimas más altas, ¿podéis beber el cáliz de la humildad?» Por eso no dice simplemente: «niéguese a sí mismo y sígame», sino que añade: «tome su cruz y sígame». ¿Qué significa «tome su cruz»? Soporte lo que le es molesto» (Sermón 96,3-4).






