¿Para qué hacer reformas? 

Cuando comenzamos la reforma en casa, lo hacemos con una ilusión tremenda. La hemos ideado con cuidado, nos agrada pensar lo bien que se va a quedar todo. Pero, conforme pasan los días, se alargan las obras y surgen inconvenientes… empezamos a desear que acaben pronto y a preguntarnos si ha valido la pena meterse en ese berenjenal. Puede que ya, ahora, hayas también tú empezado a «arrepentirte» de haberte metido en este camino cuaresmal de reformas; puede que estés preguntándote: ¿vale la pena? ¿y, para qué?  

Hay un texto evangélico que te copio aquí, porque puede darte respuesta. Es muy conocido. «Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, era inmigrante y no me acogisteis, estaba desnudo y no me vestisteis, estaba enfermo y encarcelado y no me visitasteis. Ellos replicarán: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, inmigrante o desnudo, enfermo o encarcelado y no te socorrimos? Él responderá: Os aseguro que lo que no hicisteis a uno de estos más pequeños no me lo hicisteis a mí» (Mt 25,42-46). 

Esta es la razón profunda de nuestra reforma cuaresmal. Queremos que nuestra vida responda al deseo de Jesús de que lo descubramos y lo atendamos en cada persona. Y eso, algunas veces, no «nos nace».

Para que no se nos olvide ayudar a los demás

Aquí está la razón de ser y el porqué de nuestra Cuaresma y de nuestra reforma: lo más importante es que nuestra vida sea un reflejo de la de Jesús, en eso de ayudar a los demás y en dar la vida por ellos. En estos días están poniendo en la tele el anuncio de una conocida casa de seguros, en el que una niña se interesa por el contenido de una maleta grande y vieja que un señor, que va en el mismo vagón de tren que ella, tiene a su lado.  El señor va sacando cosas de la maleta para enseñárselas y la última que saca es una hebra de lana roja, que ata en el dedo de la niña y responde a la pregunta que ella le hace: «¿Un Hilo rojo es lo más importante?», diciéndole: «Es para que no te olvides nunca que no hay nada más grande en esta vida que ayudar a los demás». 

Pues eso, ayudar a los demás es lo más importante. Y no nos lo dice un anuncio de televisión, ni una compañía de seguros, sino el Evangelio mismo, o sea, Jesús, y, ademas, dándonos ejemplo. La Cuaresma es ese hilo rojo, que está ahí para que no se nos olvide lo importante.

Relee el evangelio de este domingo

Es un trozo del cuarto evangelio, que tiene que ver con lo dicho más arriba: Jesús nos explica que, para dar fruto, el grano de trigo ha de morir siendo enterrado. Él es el grano de trigo que con su muerte y entrega a los demás da fruto abundante. Así que ya sabes: si quieres dar fruto…

Pregúntate

  • ¿Estás ya cansado de reformas? ¿Has perdido parte del ánimo con el que empezaste este tiempo de gracia que es la Cuaresma? ¡Ánimo!  
  • ¿Te están sirviendo esta reforma de tu «casa» para que todo en ella tenga más vida? O, dicho de otro modo, para que todos tengan más vida?
  • Repite en tu oración diaria de esta semana esta jaculatoria: «Señor, yo quiero ser grano de trigo, como tú».

Este es el anuncio; interprétalo desde del Evangelio

Ponle banda sonora a tu reforma