¿Por qué mis resistencias?
En el evangelio de esta semana encontramos a los discípulos con miedo, han escuchado a Jesús anunciando que tiene que morir y resucitar; Pedro había discutido con Jesús por querer ir a Jerusalén, no quiere oír hablar de cruz.
Puestos a elegir entre el anuncio de Jesús de que ha de entregar su vida o verlo transfigurado, lleno de gloria y poder, Pedro prefiere negar la cruz y ser sordo y ciego ante el camino de Jesús: «Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».
Es más fácil negar la cruz: un Dios que se entrega y que me invita a entregarme. La cruz que supone para mí la obediencia al Padre y el amor a los demás; la cruz que me saca de mis comodidades y me pide comprometerme seriamente cada día.
En esta reforma de tu «casa» que te has propuesto hacer en la Cuaresma, te encontrarás momentos de «derrumbe» difíciles de afrontar; tendrás tendencia a acomodarte, a dejar las cosas como están, que ¿pará qué queremos complicarnos la vida? Si te dejas llevar, en lugar de hacer una verdadera reforma de tu «casa» y de tu vida, te montarás una «tienda» para estar a gustito y sin complicaciones; te parecerá estar en el cielo, pero será un engaño: estarás «en las nubes». Y el Señor y a gente te necesitan muy en el suelo, muy con los pies en la tierra, muy en este mundo.
Relee el Evangelio de este domingo
El de la transfiguración, narrada por el evangelista Marcos. Es escueto, pero certero. Se entiende perfectamente. Si es que uno quiere entender…
Dios te ha hablado claramente; si quieres puedes hablar tú a él con estas palabras (y, si estas no te sirven, con otras; pero ponte a su disposición)
Caminaré siempre en tu presencia
por el camino de la vida.
Te entrego, Señor, mi vida,
hazla fecunda.
Te entrego mi voluntad,
hazla coincidir con la tuya.
Caminaré con los pies descalzos,
con el único gozo de saber
que tú eres mi tesoro.
Toma mis manos,
hazlas acogedoras.
Toma mi corazón,
hazlo ardiente.
Toma mis pies,
hazlos incansables.
Toma mis ojos,
hazlos transparentes.
Toma mis horas grises,
hazlas novedad.
Hazte compañero inseparable
de mis caídas y tribulaciones.
Y enséñame a gozar en el camino
de las pequeñas cosas
que me regalas,
sabiendo siempre ir más allá
sin quedarme, abandonado,
en las cunetas de los caminos.
Toma mis cansancios,
hazlos tuyos.
Toma mis veredas,
conviertelas en camino firme.
Toma mis mentiras, hazlas verdad.
Toma mis muertes, hazlas vida.
Toma mi pobreza, hazla tu riqueza.
Toma mi obediencia, hazla tu gozo.
Toma mi poquedad,
haz conmigo lo que quieras.
Toma mi familia, hazla tuya.
Toma mis pecados,
toma mis faltas de amor,
mis eternas omisiones,
mis permanentes desilusiones,
mis horas de desánimo y amargura.
Camina, Señor, conmigo.
Acércate a mis pisadas.
Renueva en mí la capacidad
de entregarme a los demás.
Hazme sentir que puedo tener
gozo desbordante al dar la vida,
al gastarme en tu servicio
y en el de mis hermanos.
Amén.







Gracias, muy bonito de leer, muy duro para cumplir seriamente,
Estamos en montes muy fáciles, en nuestra casa y no queremos reformas….
Gracias me hace mucho bien.