Cuando te vas de viaje, tienes que preparar las maletas. Cuando vas a hacer un examen, tienes que preparar tus temas. Cuando te vas de excursión con los compañeros, tienes que preparar la mochila. Cuando tus hijos, nietos o amigos anuncian que vienen a pasar contigo el día de tu cumpleaños, tienes que disponer tu casa y preparar la acogida.

El Señor llega. Si la semana pasada has estado despierto, te habrás dado cuenta. Y si llega, tenemos que prepararnos y tenemos que prepararle el camino. Como discípulos suyos, lo seguimos; como misioneros de su Evangelio, le preparamos la llegada.

Tómate tu tiempo para prepararte y para prepararle. No lo dejes para última hora. No vaya a ser que llegue el Señor y te pille con los rulos puestos y con tu casa (la interior, que es la importante) sin barrer y con todos los trastos de tu vida puestos por medio, impidiendo que pase por tu vida y llegue a los demás.

Señor Jesús,
dame tu paciencia, para que sea constante en las tareas;
dame tu mansedumbre,
para que no eleve las montañas de mi autosuficiencia;
dame tu aguante,
para que no me canse cuando el camino se ponga pedregoso y difícil;
dame tu humildad,
para que no me considere más que nadie;
hazme experimentar tu ternura,
para que no me siente nunca el último de la fila;
dame tu mirada,
para mirar a tus hermanos como hermanos míos;
dame, en fin, tu Espíritu,
para que sea, como el Bautista,
tu precursor esperanzado, recio y humilde. Amén.

1) El domingo segundo de Adviento nos llama a disponer nuestra vida para el encuentro con el Señor. ¿Qué colinas tienes que abajar (soberbia, prepotencia, autosuficiencia, aires de superioridad…)? ¿Qué hondonadas tienes que levantar (tus sombras, tus pecados, tus limitaciones… esas que procuras ocultar y de las que nunca hablas?

2) No solo tienes que prepararte tú, también tienes que allanarle al Señor el camino: ¡eres su precursor! Depende, en parte, de ti que él puede llegar a los otros. ¿Qué tienes que hacer para posibilitarle a Cristo su llegada a los demás? Piensa en acciones concretas, y en personas con nombres y apellidos que necesiten tu ayuda para recibir al Señor. Si te haces compromisos genéricos no llegarás a ningún sitio.