Primera lectura
2 Samuel (7,1-16)
Lectura del segundo libro de Samuel.
CUANDO el rey David se asentó en su casa y el Señor le hubo dado reposo de todos sus enemigos de alrededor, dijo al profeta Natán: «Mira, yo habito en una casa de cedro, mientras el Arca de Dios habita en una tienda».
Natán dijo al rey: «Ve y haz lo que desea tu corazón, pues el Señor está contigo».
Aquella noche vino esta palabra del Señor a Natán: «Ve y habla a mi siervo David: “Así dice el Señor: ¿Tú me vas a construir una casa para morada mía?
Yo te tomé del pastizal, de andar tras el rebaño, para que fueras jefe de mi pueblo Israel. He estado a tu lado por donde quiera que has ido, he suprimido a todos tus enemigos ante ti y te he hecho tan famoso como los grandes de la tierra. Dispondré un lugar para mi pueblo Israel y lo plantaré para que resida en él sin que lo inquieten, ni le hagan más daño los malvados, como antaño, cuando nombraba jueces sobre mi pueblo Israel. A ti te he dado reposo de todos tus enemigos. Pues bien, el Señor te anuncia que te va a edificar una casa.
En efecto, cuando se cumplan tus días y reposes con tus padres, yo suscitaré descendencia tuya después de ti. Al que salga de tus entrañas le afirmaré su reino. Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo.
Tu casa y tu reino se mantendrán siempre firmes ante mí, tu trono durará para siempre”».
Palabra de Dios.
Salmo responsorial
Salmo 88
Cantaré eternamente tus misericordias, Señor.
Cantaré eternamente
las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad
por todas las edades.
Porque dijiste:
«Tu misericordia es un edificio eterno»,
más que el cielo
has afianzado tu fidelidad.
«Sellé una alianza con mí elegido,
jurando a David, mi siervo:
Te fundaré un linaje perpetuo,
edificaré tu trono
para todas las edades».
«Él me invocará: “Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora”.
Le mantendré eternamente mi favor,
y mi alianza con él será estable.
Segunda lectura
Romanos (16,25-27)
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos.
HERMANOS:
Al que puede consolidaros según mi Evangelio y el mensaje de Jesucristo que proclamo, conforme a la revelación del misterio mantenido en secreto durante siglos eternos y manifestado ahora mediante las Escrituras proféticas, dado a conocer según disposición del Dios eterno para que todas las gentes llegaran a la obediencia de la fe; a Dios, único Sabio, por Jesucristo, la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
Palabra del Señor.
Evangelio
Lucas (1,26-38)
Lectura del santo Evangelio según San Lucas.
EN aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.
El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».
Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel.
El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin».
Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco varón?».
El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible».
María contestó: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».
Y el ángel se retiró.
Palabra del Señor.
Oración
Todas las oraciones de los fieles se reúnen en esta, que dice el sacerdote
DERRAMA, Señor, tu gracia en nuestros corazones,
para que, quienes hemos conocido, por el anuncia del ángel,
la encarnación de Cristo, tu Hijo,
lleguemos, por su pasión y su cruz,
a la gloria de la resurrección.
Por nuestro Señor Jesucristo.
Reflexión
Gasta un ratito de tu tiempo en hacer tuya la Palabra
TODO SE HACE NUEVO
Como preparación más inmediata para la Navidad, este domingo último del Adviento, meditamos el relato lucano de la Anunciación a María. En el texto de Lucas se nos manifiesta la novedad que Dios siempre provoca en la historia y entre los hombres. Cuatro movimientos descubrimos en esta narración.
Primer movimiento: Tanto amor
Como siempre, es Dios el que da el primer paso. «Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único» (Jn 3, 16). Para salvar al hombre Dios nos entrega a su Hijo. No cabe mayor misericordia ni mayor generosidad. Podía habernos enviado ángeles, profetas, líderes poderosos… Pero nos envió algo de sí mismo, lo más suyo, lo más querido.
Y no vendría solo de visita, o para cumplir una determinada misión, sino para quedarse con nosotros. Realmente Dios es amigo del hombre. No hay noticia mejor ni gracia más grande. ¿Qué podemos temer o a quién vamos a envidiar si Dios es nuestro amigo? ¿Y a quién vamos a menospreciar si todos somos amado de Dios?
Segundo movimiento: Encarnación
Es el abrazo del Hijo de Dios a la naturaleza humana: no solo visitó a los hombres, sino que se hizo hombre.
El que escucha esta afirmación por primera vez la rechaza por absurda; le parece un sueño de grandeza del hombre. Y quien se la cree de verdad siente un vértigo incontrolable. Puesto que lo creemos, no nos acostumbremos. El asombro, cada vez que meditemos este misterio, debe ser creciente.
Asómbrate de que Dios se despojaba de su condición divina; de que Dios se empobreciera y se anonadara; de que Dios se encarnara en el seno de María; de que el Hijo de Dios se hiciera hijo del hombre; de que el Hijo de Dios naciera como un cualquiera. ¡Hasta dónde llegó su amor!
Tercer movimiento: María dijo Sí
En este juego de amor, Dios es el primero que mueve ficha. Será después María, entre todos escogida, la que movió en segundo lugar. La respuesta de María fue afirmativa. Su palabra, «hágase», desencadenó todo un proceso de salvación.
No fue una respuesta inconsciente o irresponsable, sino hija de la fe más grande y del amor más intenso. Dijo sí porque se fiaba de Dios. Dijo sí porque no pensaba en sí. Dijo sí porque anhelaba la venida del Mesías. Dijo sí porque quería servir al proyecto de Dios.
María será así la criatura humana que más se acerca a Dios, que más se llena de divinidad. Se cumplía en ella aquello que la serpiente dijo a Eva: «seréis como dioses». Pero se llega a esa meta por el camino diametralmente opuesto al de la mujer primera: no por el orgullo, sino por la humildad; no por la duda, sino por la fe; no por la desobediencia, sino por la fidelidad; no por la codicia, sino por el despojo. A Dios no lo conquista nadie, pero él se comunica a quien lo busca y lo ama. Y lo renueva todo.
Cuarto movimiento: aprende a decir sí
Los misterios del Señor no son cosas del pasado, se renuevan con el tiempo. Por eso la Anunciación puede repetirse —¡hay tantas anunciaciones!— y la Encarnación se prolonga hasta el final de los tiempos.
El ángel de la Anunciación puede visitarte en cualquier momento. Lleva consigo buenas noticias e importantes ofertas. Te dirá que Dios se ha fijado en ti con amor indecible. Te revelará que Dios necesita de ti para una misión evangelizadora. Te pedirá que abras tu casa, porque Dios quiere hospedarse en ti y, en cierto sentido, encarnarse en ti.
¿Sabrás escuchar? ¿Sabrás responder? ¿Sabrás acoger? No dejes tu respuesta para mañana.






