El Señor hace nuevas todas las cosas. Y, si no, que le pregunten a María: ¡menudo vuelco le dio la vida! La muchacha que va cada mañana a la fuente se convierte en la madre del que es fuente de agua vida; la virgen viene a ser  la más maravillosa y fecunda madre de la historia; la aldeana de un pueblo perdido que no aparece ni en los mapas, elevada a la categoría de madre del Rey; la humilde sierva es la llena de gracia.

Lo anunció el Señor, con los versos de Isaías: «No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo; mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis?» (Is 43,18). Y Jesús lo certifica: «Mira, hago nuevas todas las cosas», dice el Cordero en el libro del Apocalipsis (21,5). Jesús quiere hacer algo nuevo en ti. Pero necesita tu permiso. ¿Se lo das?

Y después te pedirá que tú también hagas algo nuevo: que renueves con su luz el mundo que te rodea. ¿Estás dispuesto?

Señor Jesús,
a veces me siento viejo; y no porque tenga muchos años,
sino por la rutina, por el cansancio y por la desilusión.
Renuévame con tu Espíritu.
Lléname de gracia, como fue llena tu Madre.
Que sepa transformar el mundo
como tú transformaste, asumiéndola en ti, la condición humana.
Hazme más humano y más compasivo,
más alegre y más esperanzado,
más misionero y más entusiasta,
más sacrificado y más generoso,
más servicial y más comprometido.
Haz que me parezca, de verdad, a ti,
que eres el nuevo Adán, cabeza de una humanidad nueva. Amén.

1) El domingo cuarto de Adviento nos habla de novedad. ¿Dónde aparece en el texto evangélico la idea de que Dios hace nuevas todas las cosas? ¿Te acuerdas de otras textos bíblicos en los que se hable de la novedad de vida que el Señor nos trae?

2) ¿Qué significa «hacer nuevas todas las cosas»?

3) Aterrizando en tu vida: ¿qué cosas deberían cambiar en tu vida ya de una vez, sin dar más rodeos ni aplazarlas para el año que viene? Anota cosas concretas no intenciones genéricas que no van a ningún sitio y se las lleva el viento.