El Papa Francisco firmó el miércoles 30 de septiembre la Carta Apostólica Sacrae Scripturae affectus (Amor a la Sagrada Escritura), para fomentar el amor a la Biblia por parte de los fieles en 16º centenario de la muerte de san Jerónimo.

San Jerónimo (340-420) fue el primer traductor de la Biblia. En Tierra Santa se dedicó traducir manuscritos antiguos de sus idiomas originales al latín de su tiempo, que era la lengua que el pueblo hablaba. Por eso esta traducción fue conocida como Vulgata.

En la Carta, Francisco describe que este santo ha dejado a la Iglesia como herencia «una estima por la Sagrada Escritura, un amor vivo y suave por la Palabra de Dios escrita» y destaca «su admirable figura en la historia de la Iglesia y su gran amor por Cristo».

Este amor, prosigue el texto del Pontífice, «se extiende, como un río en muchos cauces, a través de su obra de incansable estudioso, traductor, exegeta, profundo conocedor y apasionado divulgador de la Sagrada Escritura; fino intérprete de los textos bíblicos; ardiente y en ocasiones impetuoso defensor de la verdad cristiana; ascético y eremita intransigente, además de experto guía espiritual, en su generosidad y ternura». De manera que hoy, «mil seiscientos años después, su figura sigue siendo de gran actualidad para nosotros, cristianos del siglo XXI».

Y el 4 de octubre fue publicada la encíclica Fratelli tutti. En este nuevo texto social de su pontificado, el Papa propone un programa de vida en el que intenta alumbrar el camino concreto a recorrer por quienes quieren construir un mundo más justo y fraterno desde lo cotidiano, la política y las instituciones. A través de Fratelli tutti, el Papa Francisco busca responder la pregunta del maestro de la ley en la parábola del Buen Samaritano, texto bíblico que es fundamento de la encíclica (FT 56): «¿quién es mi prójimo?» A lo largo de las páginas, el Santo Padre invita a trabajar por construir una mística y una cultura del «nosotros» que incluya a todos, dejando de lado las polarizaciones con aquellos que llamamos «los otros», ya que «todos tenemos algo de herido, algo de salteador, algo de los que pasan de largo y algo del buen samaritano» (FT 69). Con esta encíclica, el Papa nos invita a soñar, a crear, pero también a organizarnos, a darnos la mano, a poner en obra lo que el Señor nos pide.