Primera lectura

1 Corintios (2,1-5)

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios.

YO, hermanos, cuando vine a vosotros a anunciaros el misterio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría, pues nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y este crucificado.
También yo me presenté a vosotros débil y temblando de miedo; mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial

Salmo 118  

¡Cuánto amo tu ley, Señor!

¡Cuánto amo tu voluntad:
todo el día estoy meditando. 

Tu mandato me hace más sabio
que mis enemigos,
siempre me acompaña. 

Soy más docto que todos mis maestros,
porque medito tus preceptos. 

Soy más sagaz que los ancianos,
porque cumplo tus leyes. 

Aparto mi pie de toda senda mala,
para guardar tu palabra. 

No me aparto de tus mandamientos,
porque tú me has instruido.

 

Evangelio

Lucas (4,16-30)

Lectura del santo Evangelio según San Lucas.

EN aquel tiempo, Jesús fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el rollo del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:
«El Espíritu del Señor está sobre mí,
porque él me ha ungido.
Me ha enviado a evangelizar a los pobres,
a proclamar a los cautivos la libertad,
y a los ciegos, la vista;
a poner en libertad a los oprimidos;
a proclamar el año de gracia del Señor».
Y, enrollando el rollo y devolviéndolo al que lo ayudaba, se sentó.
Toda la sinagoga tenía los ojos clavados en él.
Y él comenzó a decirles:
«Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír».
Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de su boca.
Y decían:
«¿No es este el hijo de José?».
Pero Jesús les dijo:
«Sin duda me diréis aquel refrán: “Médico, cúrate a ti mismo”, haz también aquí, en tu pueblo, lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún».
Y añadió:
«En verdad os digo que ningún profeta es aceptado en su pueblo, Puedo aseguraros que en Israel había muchas viudas en los días de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías sino a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, sin embargo, ninguno de ellos fue curado sino Naamán, el sirio».
Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo echaron fuera del pueblo y lo llevaron hasta un precipicio del monte sobre el que estaba edificado su pueblo, con intención de despeñarlo.
Pero Jesús se abrió paso entre ellos y seguía su camino.

Palabra del Señor.

Oración

Las oraciones de todos los fieles se reúnen en esta, que dice el sacerdote al comienzo de la eucaristía

DIOS todopoderoso,
que posees toda perfección,
infunde en nuestros corazones el amor de tu nombre
y concédenos que, al crecer nuestra piedad,
alimentes todo bien en nosotros
y con solicitud amorosa lo conserves.
Por nuestro Señor Jesucristo.

 

Reflexión

Gasta un ratito de tu tiempo para hacer tuya la Palabra

Jesús inaugura su ministerio en la sinagoga de Nazaret. Se siente consagrado y fortalecido por el mismo Espíritu de Dios para realizar la tarea encomendada. El objetivo de la misión es bien preciso: sanar, liberar, dar la vista, anunciar el año de gracia de Dios. En una palabra hacer todas las cosas nuevas; es la novedad absoluta del reino de Dios, es decir, de la irrupción definitiva e irrevocable de Dios en la historia humana. Jesús despierta entre sus oyentes sentimientos y actitudes encontrados: curiosidad, admiración, rechazo, agresión. Jesús no es una persona de medias tintas. Habla directo y al corazón. Toca las fibras más íntimas y sentidas de los seres humanos, de las instituciones religiosas y de las estructuras sociales. Frente a Jesús y su propuesta, el oyente no se puede quedar indiferente: o acepta o rechaza, se aleja o se compromete. No hay otra alternativa. Hoy los cristianos necesitamos con urgencia recuperar el espíritu profético de Jesús en nuestros diversos contextos tan contradictorios.

¿Cómo vives tu vocación profética en tu contexto social y eclesial?