Para responder a las nuevas exigencias de hoy, la Congregación para el Clero, cuyo prefecto es el cardenal Beniamino Stella, ha preparado la instrucción La conversión pastoral de la comunidad parroquial al servicio de la misión evangelizadora de la Iglesia, aprobada por el Papa el 27 de junio y firmada dos días después en la solemnidad de los santos Pedro y Pablo.
Casi un mes después, el 20 de julio, el documento ha llegado a nuestras manos, acompañado por una presentación del subsecretario del dicasterio, Andrea Ripa. Faro del texto es Evangelii gaudium, donde Francisco dice que «la parroquia no es una estructura caduca; precisamente porque tiene una gran plasticidad, puede tomar formas muy diversas que requieren de la docilidad y creatividad misionera del pastor y de la comunidad. (…) Si es capaz de reformarse y adaptarse continuamente, seguirá siendo la misma Iglesia que vive entre las casas de sus hijos y de sus hijas».

Apoyo a los obispos

Las instrucción pretende apoyar a los obispos «que están reformando estructuras eclesiales, tratando de reducir el peso de la burocracia y aumentar la eficacia evangelizadora». Al tiempo, la congregación ha constatado que los problemas actuales no son pocos ni pequeños. «Las dificultades de muchos obispos —afirma Ripa— para poder dar un pastor a cada parroquia, la tristeza de las comunidades cuyas eucaristías se distancian cada vez más en el tiempo; el cansancio de bastantes sacerdotes; el lamento de los laicos, que no se sienten tratados como miembros corresponsables del Pueblo de Dios; el dolor de las personas consagradas, que son valoradas solo en la medida en que trabajan directamente en estructuras diocesanas y parroquiales; la queja de diáconos permanentes cuyos párrocos no acaban de promover los ministerios que el Espíritu suscita; la falta de implicación de tantos cristianos que exigen sacerdotes sin empeñarse en la promoción de las vocaciones».
Entre los objetivos de la congregación, es prioridad: «Librar a la Iglesia de posibles derivas como la clericalización de los laicos, la secularización del clero, la conversión de las parroquias en empresas prestadoras de servicios espirituales o meras agencias de servicio social, el individualismo en la vivencia de la fe y del apostolado, el desprecio del instinto de la fe del Pueblo de Dios en el discernimiento de las situaciones y la toma de decisiones».
Por último, Ripa advierte que la instrucción, «al tiempo teológico-pastoral y canónica, no puede ni debe ofrecer indicaciones demasiado concretas, sino criterios generales y normas actualizadas en la diversidad del Pentecostés actual».

Estructura y contenido del documento

Se trata de un documento bastante amplio: 124 apartados. Se articula así: los seis primeros son más conceptuales y están dedicados —entre otros temas— a la conversión pastoral, la parroquia en el contexto actual o la misión como criterio-guía para la renovación.
Siguen cuatro capítulos destinados a clarificar aspectos más concretos. El primero, titulado La parroquia y las otras divisiones internas de la diócesis, aborda la erección de agrupaciones de parroquias, la vicaría foránea, la unidad pastoral o la zona pastoral. En el segundo se elucidan las formas ordinarias y extraordinarias de encomienda de la cura pastoral a la comunidad parroquial: el párroco, el administrador, la encomienda in solidum, el vicario, los diáconos, los consagrados, los laicos y otras formas de encomienda de la cura pastoral. Después de tocar brevemente los encargos y ministerios parroquiales, la instrucción se concentra en los órganos de corresponsabilidad eclesial: el consejo parroquial para asuntos económicos, el consejo pastoral y otras formas de corresponsabilidad en la cura pastoral.
El último apartado toca el tema de las ofrendas con motivo de la celebración de los sacramentos. «Se trata —reza el texto— de una ofrenda que, por su naturaleza, debe ser un acto libre por parte del oferente, dejado a su conciencia y sentido de responsabilidad eclesial, no un precio a pagar una contribución a exigir, como si se tratara de impuesto a los sacramentos. (…) En este sentido, es importante sensibilizar a los fieles para que contribuyan voluntariamente a las necesidades de la parroquia, que son suyas propias y de las cuales es bueno que aprendan espontáneamente a responsabilizarse».
Esta sensibilización «podría ser tanto más eficaz cuanto los presbíteros den ejemplos virtuosos en el uso del dinero, tanto con un estilo de vida sobrio y sin excesos en el plano personal como con una gestión de los bienes parroquiales transparente y acorde, no con proyectos del párroco o de un reducido grupo de personas, tal vez buenos, pero abstractos, sino con las necesidades reales de los fieles, sobre todo, los más pobres y necesitados»

La parroquia, una realidad en cambio

La instrucción refleja bien los cambios que, a través de su larga historia, ha sufrido la parroquia, «casa en medio de las casas» como la definió san Juan Pablo II. En el contexto contemporáneo, «la configuración territorial de la parroquia está llamada a confrontarse con una característica peculiar del mundo contemporáneo, en el cual la creciente movilidad y la cultura digital han dilatado los confines de la existencia. (…) La cultura digital ha modificado de manera irreversible la comprensión tanto del espacio como del lenguaje y los comportamientos de las personas, especialmente de las generaciones jóvenes. (…) Es por ello urgente involucrar a todo el Pueblo de Dios en el esfuerzo de acoger la invitación del Espíritu para llevar a cabo procesos de rejuvenecimiento del rostro de la Iglesia».
Llama la atención la matización que el documento hace del principio de territorialidad que conforma la parroquia: «Es verdad que una característica de la parroquia es su radicación allí donde cada uno vive cotidianamente. Sin embargo, especialmente hoy, el territorio ya no es solo un espacio geográficamente delimitado, sino el contexto donde cada uno desarrolla su propia vida, conformada por relaciones, servicio recíproco y antiguas tradiciones. Es en este «territorio existencial» donde se juega por completo el desafío de la Iglesia en medio de la comunidad. Parece superada, por tanto, una pastoral que mantiene el campo de acción exclusivamente dentro de los límites territoriales de la parroquia, cuando a menudo son precisamente los parroquianos quienes ya no comprenden esta modalidad, que parece marcada por la nostalgia del pasado, más que inspirada en la audacia por el futuro».
Para concluir, el documento insiste en la voluntad de que «la histórica institución parroquial no permanezca prisionera del inmovilismo o de una preocupante repetitividad pastoral, sino que ponga en acción aquel dinamismo en salida que la haga orientarse efectivamente a la misión evangelizadora».

La Instrucción, como puedes comprobar por esta nota que te hemos dejado sobre ella, es interesante. La estudiaremos en el Consejo Pastoral al comienzo del curso venidero. Pero puedes ir adelantando trabajo si la lees durante las vacaciones.