Primera lectura
Libro de Amós (23,1-8;4,11-12)
Lectura del libro de las lamentaciones.
ESCUCHAD la palabra que el Señor ha pronunciado contra vosotros, hijos de Israel, contra toda tribu que saqué de Egipto:
«Solo a vosotros he escogido
de entre todas las tribus de la tierra.
Por eso os pediré cuentas
de todas vuestras transgresiones».
¿Acaso dos caminan juntos
sin haberse puesto de acuerdo?
¿Acaso ruge el león en la foresta
si no tiene una presa?
¿Deja el cachorro oír su voz desde el cubil
si no ha apresado nada?
¿Acaso cae el pájaro en la red,
a tierra, si no hay un lazo?
¿Salta la trampa del suelo
si no tiene una presa?
¿Se toca el cuerno en una ciudad
sin que se estremezca la gente?
¿Sucede una desgracia en una ciudad
sin que el Señor la haya causado?
Ciertamente, nada hace el Señor Dios
sin haber revelado su designio
a sus servidores los profetas.
Ha rugido el león,
¿quién no temerá?
El Señor Dios ha hablado,
¿quién no profetizará?
Os trastorné
como Dios trastornó a Sodoma y Gomorra,
y quedasteis como tizón sacado del incendio.
Pero no os convertisteis a mí —oráculo del Señor—.
Por eso, así voy a tratarte, Israel.
Sí, así voy a tratarte:
prepárate al encuentro con tu Dios.
Palabra de Dios.
Salmo responsorial
Salmo 5
Señor, guíame con tu justicia.
Tú no eres un Dios que ame la maldad,
ni el malvado es tu huésped,
ni el arrogante se mantiene en tu presencia.
Detestas a los malhechores,
destruyes a los mentirosos;
al hombre sanguinario y traicionero
lo aborrece el Señor.
Pero yo, por tu gran bondad,
entraré en tu casa,
me postraré ante tu templo santo
con toda temor.
Evangelio
Evangelio según san Mateo (8,23-27)
Lectura del santo Evangelio según San Mateo.
EN aquel tiempo, subió Jesús a la barca, y sus discípulos lo siguieron.
En esto se produjo una tempestad tan fuerte, que la barca desaparecía entre las olas; él dormía. Se acercaron y lo despertaron gritándole:
«¡Señor, sálvanos, que perecemos!».
Él les dice:
«¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?».
Se puso en pie, increpó a los vientos y al mar y vino una gran calma. Los hombres se decían asombrados:
«¿Quién es este, que hasta el viento y el mar lo obedecen?».
Palabra del Señor.
Oración
Las oraciones de todos los fieles se reúnen en esta, que dice el sacerdote al comienzo de la eucaristía
OH, Dios,
que por la gracia de la adopción
has querido hacernos hijos de la luz,
concédenos que no nos veamos envueltos por las tinieblas del error,
sino que nos mantengamos siempre en el esplendor de la verdad.
Por nuestro Señor Jesucristo.
Reflexión
Gasta un ratito de tu tiempo para hacer tuya la Palabra
Las espléndidas preguntas con que está tejido el pasaje tomado del libro de Amós conducen, idealmente, desde la sabiduría a la profecía, desde la observación atenta de la realidad natural a la irrupción de una palabra y de una acción que expresan su sentido y verdad. Al final, la profecía, la necesidad de profetizar, aparece como una nueva evidencia, como una impelente necesidad para Israel: «Habla el Señor: ¿quién no profetizará?». La Palabra de Dios y la del hombre, la del Señor del cielo y la tierra y la del pastor-profeta, llegan de inmediato a un acuerdo: el mismo acuerdo que se ha vuelto accesible a cada hombre en Jesús.
El nuevo Israel, la Iglesia engendrada también por el Espíritu de Cristo, no puede dormir, no puede morir. Está confusa y desconcertada por el silencio profundo desde el que su Señor hace subir su Palabra autorizada y su gesto resolutorio. La fe que falta a la Iglesia es la confianza en su Señor, la misma confianza que el sueño de Jesús anuncia dramática y serenamente.
Me pregunto si yo confío de verdad en el Señor, si las olas de la vida me hacen perder la calma, si pienso que Jesús anda dormido y no atiende mi clamor.






