La pasada semana, el Obispo de Jaén se dirigía por carta y vídeo a los niños y niñas que han visto su Primera Comunión aplazada hasta el próximo otoño. Ahora, escribe otra carta, en este caso dirigida a los adolescentes y jóvenes a los que iba a administrar el sacramento de la Confirmación en estos meses, y que, debido a la pandemia provocada por el COVID-19, también han visto retrasarse esta en el tiempo.
En la carta, D. Amadeo, comienza animando a aquellos que esperaban con ilusión recibir este sacramento de la iniciación cristiana y hace un recorrido por el camino de la fe que hasta ahora han recorrido los que esperan los dones del Espíritu Santo.
Aquí esta el texto de la carta y el vídeo en el que él mismo la lee a los confirmandos.
A los que están a la espera de recibir el Sacramento de la Confirmación
Queridos amigos y amigas:
A los que estáis a la espera de recibir el Sacramento de la Confirmación, especialmente a los que están completando su iniciación cristiana, os escribo esta carta para deciros que estoy preocupado por vosotros. Sé que estabais esperando, en torno a este tiempo de Pascua, recibir el Sacramento que estáis preparando con vuestros catequistas. El confinamiento por el COVID-19 nos ha frustrado a vosotros y a mí. Por eso, hasta que podamos poner una fecha definitiva, quiero ponerme en contacto con vosotros para recomendaros que sigáis manteniendo la ilusión por recibir este sacramento tan decisivo en vuestra vida cristiana: en él se confirma, junto con el Bautismo, vuestra identidad como cristianos y recibiréis el Espíritu Santo, que os da la fuerza para ser testigos del Señor.
Como sabéis muy bien, recibís la Confirmación al final de un camino que tuvo su punto de salida en el Bautismo. Ha sido un camino necesario y espero que nunca interrumpido, pues la constancia es imprescindible para la consolidación de la fe. Ya sabéis que a los cristianos desde primera hora se les llamó “los del camino”. Si habéis llegado hasta aquí es porque habéis hecho bien el itinerario de la iniciación cristiana. El camino ha sido largo, pero no habéis estado solos, desde el principio han estado vuestros padres y abuelos, sobre todo en los primeros pasos de la fe, en el despertar a la vida cristiana. Después ha sido la parroquia, que con los sacerdotes y catequistas -también los profesores de religión- os han ido introduciendo a fondo en el vivir en Cristo.
Habéis descubierto y acogido las enseñanzas de Jesús, transmitidas y vividas por la Iglesia; habéis conocido y dado pasos en lo que significa vivir según el Evangelio; habéis experimentado la intimidad con Jesús en la oración; habéis celebrado asiduamente la Eucaristía del domingo en vuestra parroquia; habéis participado en los sacramentos, especialmente en el de la Penitencia, para encontrar en Él el perdón de vuestros pecados; habéis conocido las devociones particulares que puede tener un cristiano y también las comunitarias, y en especial la adoración del Santísimo Sacramento; habéis descubierto en vuestro grupo que ser miembro de la Iglesia es compartir fe y vida con otros; habéis comprobado que en vuestra comunidad cristiana se sirve a los pobres, a los más necesitados, especialmente a través de Cáritas; habéis conocido los diversos caminos por los que se puede encauzar la vocación cristiana; habéis sabido claramente que todos estáis llamados a la santidad, a vivir en Cristo Jesús, en su forma y estilo de vida.
En ese camino habéis estado siempre acompañados por vuestro Padre Dios, que os adoptó como hijos en el Bautismo; y por Jesucristo, que os incorporó a su vida y se hizo vida en vosotros. En efecto, el aprendizaje de la vida cristiana lo habéis hecho con Jesucristo, que se os ha dado a conocer en persona, pues en eso consiste la fe: en conocer, amar y seguir a Jesús. Él, a lo largo de este recorrido de iniciación, ha cuidado la relación personal con cada uno de vosotros, una relación que ha tenido un momento de especial intimidad en la Eucaristía; y por eso es tan importante y necesario que sea frecuente, que sea semanal, porque “sin el Domingo no podemos vivir”.
Y ahora estáis para recibir, el Sacramento de la Confirmación, el Sacramento del Espíritu. Por el Espíritu Santo, la Iglesia se mueve por el mundo con ilusión, fuerza y valentía para el anuncio de la fe; y por el Espíritu, la vida cristiana de cada creyente en Cristo crece y se renueva. En realidad, el Espíritu Santo siempre ha estado con vosotros, Él ha fortalecido vuestros progresos en el conocimiento, la amistad y el seguimiento de Jesús. En el Sacramento de la Confirmación, en el que se os entrega todo lo que Dios os quiere dar para que podáis vivir con garantías la vida cristiana, recibiréis los dones del Espíritu en mayor plenitud y de ese modo, Él va a sellar vuestra vida en Cristo, para que seáis fuertes en medio de las dificultades de la vida, especialmente en las que os vais a encontrar ahora que os tocará poner en práctica, en vuestros ambientes, todo lo aprendido a lo largo de estos años de iniciación cristiana. Vuestra vocación, en principio, es vivir en el mundo y ser ahí testigos de la fe; por eso, en este periodo de vida juvenil, necesitaréis confiar mucho en el Espíritu Santo y dejar que Él os vaya conduciendo por la senda de Jesús, para que descubráis la vocación que Él tiene guardada para vosotros. Por eso, habéis de seguir ahondando en vuestra formación y participando activamente en la vida de la parroquia, unidos a otros jóvenes. Os recomiendo, vivamente, que os incorporéis al movimiento diocesano KAIRÓS.
En todo, dejaos llevar por el Espíritu, recoged agradecidos sus dones y poned todo lo que recibís de Él al servicio de los demás. Porque la Confirmación hace que nuestra vida sea ya para la fe en Cristo Jesús, para seguirle a donde quiera que Él considere que sois necesarios; pues Jesús siempre está en camino. En ese caminar, en algunas de sus tareas, se hace acompañar de los que estén más disponibles, de los que estén dispuestos a dejarlo todo y seguirle, de aquellos a los que no les ha importado poner su vida a su disposición, para servir a los demás en representación del mismo Jesús, especialmente en el sacerdocio y en la vida consagrada. Y ya sabéis que la fe es para compartirla con todos los que con nosotros creen en Jesucristo y para dar testimonio de ella a quienes nos pidan razones de lo que creemos. Esto es evangelizar, vosotros hacedlo sobre todo con otros jóvenes.
Seguid, como os he dicho, manteniendo la ilusión por recibir este Sacramento. El mejor modo de mantener la ilusión y el deseo es que sigáis acompañados por vuestros catequistas. Ellos, por su parte, en esta última etapa hasta que llegue el día de la celebración, os darán a conocer todo lo que entonces va a suceder para vosotros y en vosotros. La celebración del Sacramento de la Confirmación es en sí misma muy rica de contenido y de sentido. Por eso hay que prepararla para vivir a fondo lo que al recibir el Espíritu nos sucederá.
Yo, por mi parte, mantengo el deseo de impartiros el Sacramento cuando la situación nos lo permita. Como ya os habrán dicho, los confirmandos son muy importantes en la vida y el ministerio del Obispo. Rezad por mí y yo lo hago por vosotros. Y mientras tanto pedid al Señor que nos libre de esta pandemia. Rezad por los enfermos y por la vida eterna de los difuntos.
Os recuerdo que una Mujer, la Virgen María, es el modelo fiel de cooperación con el Espíritu, al que llevó siempre como dulce huésped del alma. Ella siempre le fue dócil y por eso cumplió fielmente la vocación que tiene encomendada, la de ser la Madre de Jesús y nuestra Madre.
Con especial afecto, recibid mi bendición.






