Viacrucis del coronavirus

Viacrucis en el viernes de la semana cuarta de Cuaresma

El coronavirus nos sitúa ante una de las cruces que los seres humanos tenemos que afrontar a lo largo de nuestra vida: la cruz de la enfermedad. Una cruz que puede llegar a trastocar todos los ámbitos de la existencia: el ámbito personal, el familiar, el social e incluso el mundial, como está ocurriendo. 

Oramos, junto a la cruz de Jesús, para que el Señor nos ayude en medio de esta circunstancia excepcional que requiere de la colaboración de todos para poder superarla. Que encontremos luz y paz en la Cruz de nuestro Señor Jesucristo.

 

Primera estación

Jesús condenado a muerte

«Pilato preguntó a los judíos: ¿qué he de hacer, pues, de Jesús, al que llaman Mesías? Ellos gritaron todos: ¡crucifícalo!… Entonces él les soltó a Barrabás. Y a Jesús, después de azotarle, lo entregó a los soldados para que fuera crucificado» (Mt 27,22-26).

Pedimos en esta estación por todas las personas. Somos frágiles. Estamos expuestos a virus, enfermedades, pecados, peligros… Es la “condena” de nuestra limitación y debilidad humana. Que asumamos esa condición de fragilidad que nos identifica: no somos dioses, somos de carne y hueso, con lo que esta realidad conlleva.

Padre nuestro…

 

Segunda estación

Jesús cargado con la cruz

«Eran nuestras dolencias las que él llevaba y nuestros dolores los que soportaba. Nosotros le tuvimos por azotado, herido de Dios y humillado. Él ha sido herido por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas. El soportó el castigo que nos trae la paz, y con sus heridas hemos sido curados» (Is 53,4-5).

Pedimos en esta estación por todas las autoridades políticas y sanitarias que tienen la responsabilidad de gestionar esta crisis del coronavirus, buscando el bien común de la sociedad. Les toca cargar a sus espaldas la cruz de velar por la salud de las personas. Que Dios los ilumine y los guíe en la toma de decisiones.

Padre nuestro…

 

Tercera estación

Jesús cae por primera vez

«Mi alma está triste hasta el punto de morir» (Mc 14,34).

Pidamos en esta estación para que no caigamos en la tentación de la frivolidad, de no tomarnos en serio las recomendaciones que se nos hacen para evitar posibles contagios, poniendo en riesgo nuestra salud y la salud de los demás.

Padre nuestro…

 

Cuarta estación

Jesús encuentra a su madre

«Este está puesto para caída y elevación de muchos en Israel y para ser señal de contradicción —¡y a ti misma una espada te atravesará el alma!— a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones» (Lc 2,34-35).

Pidamos en esta estación la intercesión de la Virgen María, y para que confiemos en la tarea de tantos profesionales que velan “como madres” por nuestra salud y nuestro bienestar.

Dios te salve, María…

 

Quinta estación

El Cireneo ayuda a Jesús

«Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, ése la salvará» (Lc 9,23-24).

Pidamos en esta estación por los profesionales sanitarios: médicos, enfermeras, auxiliares, cuiddores de enfermos y ancianos… por todo el personal de los hospitales y de las residencias de mayores y de discapacitados, que son los cirineos que ayudan a los enfermos a vencer la enfermedad. Que Dios les proteja, les cuide, les fortalezca y les ayude en esta hora difícil.

Padre nuestro…

 

Sexta estación

La Verónica limpia el rostro de Jesús

«No tenía apariencia ni presencia; le vimos y no tenía aspecto que pudiésemos estimar. Despreciable y deshecho de hombres, varón de dolores y sabedor de dolencias, como uno ante el que se oculta el rostro, despreciable, y no le tuvimos en cuenta» (Is 53,2-3).

Pidamos en esta estación por las personas que, de manera altruista, ayudan, colaboran, se solidarizan, aportan su tiempo y sus dones para aliviar tantas necesidades como acarrea una situación como ésta.  Y por nosotros, para que aprendamos a estar siempre al lado de los que sufren, sin estigmatizar a nadie.

Padre nuestro…

 

Séptima estación

Jesús cae por según vez

«Empujaban y empujaban para hacerme caer, pero el Señor me ayudó; el Señor es mi fuerza y energía, él es mi salvación» (Sal 117,13-14).

Pidamos en esta estación para que no caigamos en el miedo, en la histeria, en la desesperanza… que no conducen a nada. Que el Señor nos dé serenidad para afrontar esta situación de emergencia que nos toca vivir.

Padre nuestro…

 

Octava estación

Jesús exhorta a las mujeres

«Le seguía una gran multitud del pueblo y mujeres que se dolían y lamentaban por él. Jesús, volviéndose a ellas dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos…, porque si en el leño verde hacen esto, ¿en el seco qué se hará?» (Lc 23,27-32).

Pidamos en esta estación por tantos creyentes que en estos días rezamos para que Dios aparte del mundo este mal del coronavirus. Que Dios escuche y atienda nuestras oraciones como Jesús escuhó los lamentos de las mujeres de Jerusalén.

Padre nuestro…

 

Novena estación

Jesús cae por tercera vez

«A quien no conoció el pecado, Dios le hizo pecado por nosotros para que viniésemos a ser justicia de Dios en él» (2Cor 5,21).

Pidamos en esta estación por quienes sufren los daños colaterales de esta crisis. De un modo especial por los empresarios que ven peligrar su medio de subsistencia y por los obreros que, como consecuencia, se quedan sin trabajo. Que pronto todo pueda volver a la normalidad.

Padre nuestro…

 

Décima estación

Jesús es despojado

«La verdad de Jesús consiste en despojarse… del hombre viejo que se corrompe siguiendo la seducción de las concupiscencias… y revestiros del hombre nuevo, creado según Dios, en la justicia y santidad de la verdad» (Ef 4,21-24).

Pidamos en esta estación por los investigadores que buscan un remedio de curación eficaz, para que sus trabajos pronto puedan dar fruto. Y para los remedios lleguen a todos, especialmente a los que están despojados de todo y viven en la pobreza.

Padre nuestro…

 

Undécima estación

Jesús clavado en la cruz

«Tened entre vosotros los mismos sentimientos que tuvo Cristo. El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo, haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a sí mismo obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz» (Flm 2,5-8).

Pidamos en esta estación por todos los que guardan cuarentena, bien por tener el virus, bien por haber convivido con personas infectadas. Que el Señor les dé paciencia, y que este tiempo les sirva de provecho para reflexionar sobre la propia vida y sobre la necesidad que tenemos de Dios.

Padre nuestro…

 

Duodécima estación

Jesús muere en la cruz

«Nadie tiene mayor amor que este de dar la vida por aquellos a quienes se ama» (Jn 15,13).

Pidamos en esta estación por todos los que han fallecido con coronavirus, para que Dios les acoja en el cielo donde ya no hay ni enfermedad, ni luto, ni dolor.

Padre nuestro…

.

Decimotercera estación

Jesús en brazos de su madre

«Vosotros, todos los que pasáis por el camino, mirad y ved si hay dolor semejante al dolor que me atormenta, con el que el Señor me ha herido» (Lam 1,12).

Pidamos en esta estación por todos los familiares de quienes han padecido o están padeciendo la enfermedad del coronavirus, para que el Señor los acompañe y fortalezca en medio de la situación familiar que están viviendo.

Dios te salve, María…

 

Decimocuarta estación

Jesús es sepultado

«En verdad, en verdad, os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere da mucho fruto. El que ama su vida la pierde; el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna.» (Jn 12,24-25).

Pidamos en esta estación para que aprendamos a asumir tantas realidades dolorosas como nos toca afrontar a lo largo de la vida, incluida esta del coronavirus, desde la luz de la fe, en la esperanza de que todo es pasajero, de que Dios tiene siempre la última palabra.

Padre nuestro…

 

Oración final

En espera de la resurrección

«Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él, sabiendo que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más, y que la muerte no tiene ya señorío sobre él. Su muerte fue un morir al pecado de una vez para siempre; mas su vida es un vivir para Dios. Así también vosotros consideraos como muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús» (Rom 6,9-11).

Oh, Dios, que sabes
que no podemos subsistir por nuestra fragilidad,
asediados por tantos peligros,
como ahora padecemos con la pandemia del coronavirus.
Concédenos la salud del alma y del cuerpo,
para superar con tu ayuda este peligro.
Cura a los enfermos y danos la paz.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.