Día a día
Aquí está el día a día de nuestra comunidad. Asómate de vez en cuando para estar informado de todo y para compartir tu vida con esta tu familia grande.
Oramos unidos, aunque no estemos juntos. 8 de agosto. Lunes de la decimonovena semana del Tiempo Ordinario. Santo Domingo de Guzmán
Jesús les dijo: «El Hijo del hombre será entregado en manos de los hombres, lo matarán, pero resucitará al tercer día». Ellos se pusieron muy tristes.
Oramos unidos, aunque no estemos juntos. 7 de agosto. Domingo decimonoveno del Tiempo Ordinario
No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino. Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos talegas que no se echen a perder, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro allí estará también vuestro corazón.
Oramos unidos, aunque no estemos juntos. 6 de agosto. Sábado de la decimoctava semana del Tiempo Ordinario. Transfiguración del Señor
Mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió y sus vestidos brillaban de resplandor. De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que, apareciendo con gloria, hablaban de su éxodo, que él iba a consumar en Jerusalén.
Oramos unidos, aunque no estemos juntos. 5 de agosto. Viernes de la decimoctava semana del Tiempo Ordinario
Quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará. ¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla?
Oramos unidos, aunque no estemos juntos. 4 de agosto. Jueves de la decimoctava semana del Tiempo Ordinario
Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día.
Oramos unidos, aunque no estemos juntos. Miércoles de la decimoctava semana del Tiempo Ordinario
Él le contestó: «No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos». Pero ella repuso: «Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos».





