Diakonía

El servicio de la caridad es una dimensión constitutiva de la misión de la Iglesia y expresión irrenunciablede su propia esencia.

Fomentamos la caridad

El servicio de la caridad configura esencialmente la identidad de la comunidad cristiana. Juntamente con el anuncio del Evangelio y con la celebración de la fe, constituyen los tres cimientos sobre los que se apoya todo el quehacer eclesial. Estos tres ámbitos no son compartimentos estancos o yuxtapuestos, sino todo lo contrario: se trata de tres tareas que se implican mutuamente y que se iluminan las unas a las otras. «Para la Iglesia, la caridad no es una especie de actividad de asistencia social que también se podría dejar a otros, sino que pertenece a su naturaleza y es manifestación irrenunciable de su propia esencia» (DCE 25).

Forma parte del ser de la Iglesia hacer que el Evangelio llegue a cada rincón y a cada persona. Pero el Evangelio no llega como un mensaje aséptico, como un anuncio desencarnado que habla de cosas celestes, adormeciendo nuestra sensibilidad para los asuntos terrenos. No; el Evangelio llega como una Buena Noticia que nos llama y que llama a todos a la transformación del mundo, y a la construcción de una sociedad en la que cada ser humano sea respetado en su dignidad de criatura y de hijo de Dios. «El kerygma tiene un contenido ineludiblemente social: en el corazón mismo del Evangelio está la vida comunitaria y el compromiso con los otros. El contenido del primer anuncio tiene una inmediata repercusión moral cuyo centro es la caridad» (EG 177).

Nuestra parroquia se siente llamada a ser una Iglesia decididamente  misionera. Y sabe que eso conlleva hacer una clara opción preferencial por los pobres y por los que sufren, imitando la de Jesús «que siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza» (2Co 8,9). Por eso, queremos ser dóciles al Dios de las misericordias que quiere cambiar nuestro corazón de piedra por un corazón de carne (ver Ez 11,19); trabajamos por modificar nuestras estructuras y nuestra organización para posibilitar que el servicio sea más efectivo; y daremos pasos para dotar de formación sólida y de espiritualidad profunda a los agentes de pastoral de la caridad, poniendo especial interés en los laicos.

La pobreza en nuestra parroquia, como en el mundo entero, tiene muchas caras. Y todas son dolorosas, y deberían conmover nuestro corazón y poner en acción nuestras manos. Queremos hacer un esfuerzo de transformación para aparecer ante el mundo como una comunidad compasiva, servicial, comprometida en la lucha contra el sufrimiento y contra cualquier forma de violencia o de injusticia que daña a cualquier ser humano. ¡Qué bien si, cuando pase el tiempo, alguien pudiera decir de cada uno de nosotros y de nuestra comunidad eso que el apóstol Pedro dijo de Jesús: «pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él» (Hch 10,38)!

Cáritas Parroquial

Atención

 

Cáritas Parroquial atiende a las personas que lo necesitan todos los miércoles a partir de las 18.00 horas.

Reuniones

 

El grupo de Cáritas Parroquial tiene dos reuniones al mes.

Normalmente, el primer jueves de mes, de 18.00 a 19.00 horas, se reúne el equipo para valorar situaciones y tomar decisiones.

Y el segundo jueves de cada mes, a la misma hora, hay reunión de formación, en la que se hace presente la animadora de territorio.

Toda la parroquia es Cáritas

 

La caridad en la parroquia no es solo tarea de unas pocas personas que forman parte del grupo de Cáritas. Cáritas es toda la comunidad parroquial, que se interesa por los pobres y por los que sufren de algún modo, y que colabora, en la medida de sus posibilidades para paliar los sufrimientos de las personas y para trabajar por una sociedad en la que habite la justicia.

Las colectas del día de Navidad y del Corpus Christi son para Cáritas. Y en los demás meses, las de los primeros domingos. 

Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso (Lc 6,36)

El testimonio de los papas

La caridad en la verdad, de la que Jesucristo se ha hecho testigo con su vida terrenal y, sobre todo, con su muerte y resurrección, es la principal fuerza impulsora del auténtico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad. El amor —«caritas»— es una fuerza extraordinaria, que mueve a las personas a comprometerse con valentía y generosidad en el campo de la justicia y de la paz.

Benedicto XVI

Caritas in veritate, 1

Cada cristiano y cada comunidad están llamados a ser instrumentos de Dios para la liberación y promoción de los pobres, de manera que puedan integrarse plenamente en la sociedad; esto supone que seamos dóciles y atentos para escuchar el clamor del pobre y socorrerlo. Basta recorrer las Escrituras para descubrir cómo el Padre bueno quiere escuchar el clamor de los pobres.

Francisco

Evangelii Gaudium, 187